Síntomas físicos de ansiedad: ¿por qué la ansiedad se siente en el cuerpo?

Cuando pensamos en ansiedad, solemos imaginar preocupación, miedo o pensamientos difíciles de controlar. Sin embargo, para muchas personas la ansiedad comienza de una manera completamente diferente:

en el cuerpo.

El corazón se acelera. Aparece una sensación de falta de aire. El estómago se revuelve. Las manos tiemblan. Surge un mareo, sudoración, tensión muscular o una sensación extraña en el pecho.

Y entonces aparece una pregunta que puede generar todavía más angustia:

“¿Esto realmente puede ser ansiedad o tengo algo físico?”

La respuesta merece más que un simple “es ansiedad”.

Los síntomas físicos de ansiedad son reales. Tienen una explicación fisiológica y están relacionados con los sistemas que nuestro organismo utiliza para detectar amenazas y prepararnos para responder ante ellas.

Al mismo tiempo, no todo síntoma físico debe atribuirse automáticamente a la ansiedad. Comprender ambas posibilidades es una de las razones por las que puede resultar útil abordar estos problemas considerando tanto la salud psicológica como la física.

¿Cuáles son los síntomas físicos de ansiedad?

La ansiedad puede manifestarse de maneras diferentes en cada persona. Entre los síntomas físicos que pueden aparecer se encuentran:

  • palpitaciones o sensación de que el corazón late muy fuerte;
  • respiración rápida o sensación de falta de aire;
  • presión o molestias en el pecho;
  • mareo o sensación de inestabilidad;
  • temblor;
  • sudoración;
  • tensión muscular;
  • dolor de cabeza;
  • sensación de “nudo” en la garganta;
  • náuseas, molestias abdominales o cambios intestinales;
  • hormigueos;
  • sensación de calor o escalofríos;
  • cansancio;
  • dificultad para conciliar o mantener el sueño.

Algunas personas reconocen inmediatamente que estas sensaciones aparecen cuando están preocupadas. Para otras, el síntoma físico aparece antes de que sean conscientes de sentirse ansiosas.

Y esto puede resultar especialmente desconcertante.

¿Por qué la ansiedad produce síntomas físicos?

Para comprenderlo necesitamos abandonar una idea que durante mucho tiempo ha dificultado nuestra comprensión de la salud:

la mente y el cuerpo no están desconectados.

Cuando nuestro cerebro interpreta que existe una amenaza, pone en marcha sistemas destinados a ayudarnos a responder.

El sistema nervioso autónomo participa en muchos de estos cambios. Su rama simpática contribuye a preparar al organismo para la acción: puede aumentar la frecuencia cardíaca, modificar la respiración, incrementar la sudoración y redistribuir recursos hacia funciones necesarias para responder rápidamente.

También intervienen sistemas hormonales relacionados con la respuesta al estrés.

Estas respuestas tienen sentido cuando necesitamos reaccionar ante un peligro.

El problema es que nuestro sistema de alarma no responde exclusivamente a amenazas físicas.

También puede activarse ante una preocupación económica, un conflicto de pareja, miedo a enfermar, presión laboral, incertidumbre, un recuerdo, una sensación corporal o incluso la anticipación de que algo malo podría suceder.

El cuerpo puede entonces prepararse para afrontar un peligro aunque no exista, en ese momento, una amenaza física inmediata.

Tu cerebro no necesita esperar a que el peligro ocurra

Una característica fascinante del cerebro humano es su capacidad para anticipar.

No esperamos pasivamente a que sucedan las cosas. Nuestro cerebro utiliza experiencias anteriores y la información disponible para intentar predecir qué está ocurriendo y qué podría suceder después.

Esto resulta enormemente útil para sobrevivir.

Pero también ayuda a explicar algunos fenómenos relacionados con la ansiedad.

Imagina que una persona experimentó una taquicardia intensa durante un ataque de pánico. El episodio fue tan angustiante que posteriormente comenzó a prestar mucha atención a su corazón.

Semanas después siente una pequeña aceleración del pulso.

La sensación por sí misma puede ser inofensiva, pero inmediatamente aparece una interpretación:

“Está empezando otra vez”.

El cerebro identifica amenaza.

Aumenta la activación fisiológica.

El corazón se acelera todavía más.

La persona nota el cambio y piensa:

“Sabía que algo estaba pasando”.

Se ha formado un círculo.

Sensación → interpretación → ansiedad → más sensación

Este mecanismo es particularmente importante para comprender por qué algunas personas quedan atrapadas en los síntomas físicos de ansiedad.

Podemos representarlo de manera sencilla:

Sensación corporal → interpretación de peligro → miedo → activación fisiológica → aumento de la sensación corporal → mayor interpretación de peligro.

Por ejemplo:

“Siento el corazón acelerado”
↓
“¿Y si me está dando algo?”
↓
aumenta el miedo
↓
aumenta la activación autonómica
↓
el corazón late todavía más rápido
↓
“Definitivamente algo está mal”.

Esto no significa que la persona esté inventando el síntoma.

El corazón realmente puede estar acelerándose.

Lo que estamos intentando comprender es por qué esa respuesta aparece, cómo se interpreta y qué mecanismos pueden estar amplificándola.

La interocepción: cómo percibimos nuestro propio cuerpo

Existe otro concepto muy útil para comprender este fenómeno: la interocepción.

La interocepción es, de manera simplificada, nuestra capacidad para percibir señales procedentes del interior del organismo: el latido cardíaco, la respiración, la temperatura, las sensaciones gastrointestinales, la tensión o diferentes cambios corporales.

El cerebro recibe e interpreta constantemente esta información.

En algunas personas con ansiedad puede existir una atención especialmente intensa hacia determinadas sensaciones corporales.

Entonces ocurre algo interesante:

cuanto más vigilamos una sensación, más fácil resulta detectarla.

Una persona preocupada por su corazón puede revisar repetidamente su pulso. Alguien que teme marearse puede comenzar a analizar continuamente si se siente estable. Otra persona puede prestar especial atención a cada cambio en su respiración.

El problema no es solamente percibir la sensación.

También importa qué significado le damos.

“Ya me dijeron que todo está bien, pero yo sigo sintiéndome mal”

Esta frase merece especial atención.

Que una evaluación médica no encuentre una enfermedad que explique determinados síntomas no significa que la persona no esté sintiendo nada.

Sus síntomas pueden ser completamente reales.

En estos casos, la pregunta puede cambiar de:

“¿Me lo estoy imaginando?”

a:

“¿Qué mecanismos están haciendo que mi organismo continúe respondiendo de esta manera?”

Esta diferencia puede ser muy importante.

El objetivo de la psicoterapia no es convencer al paciente de que “no tiene nada”, sino ayudarle a comprender cómo interactúan las sensaciones corporales, los pensamientos, las emociones, la atención y las conductas.

Pero no todo es ansiedad

Aquí necesitamos mantener el otro lado de la conversación.

Palpitaciones, mareo, alteraciones del sueño, temblor, cansancio y otros síntomas también pueden aparecer en condiciones médicas.

Dependiendo de las características del paciente y sus síntomas, puede ser necesario considerar alteraciones tiroideas, anemia, problemas cardiovasculares, cambios hormonales, efectos secundarios de medicamentos u otras condiciones.

También debemos preguntar por algo que algunas veces pasa desapercibido:

¿Qué estás consumiendo?

La cafeína puede producir o aumentar palpitaciones, temblor, inquietud y dificultades para dormir, especialmente en personas susceptibles.

Las bebidas energizantes pueden contener cantidades importantes de estimulantes.

La nicotina, el alcohol, otras sustancias, algunos medicamentos y determinados suplementos también pueden influir en cómo se siente una persona.

Por eso una buena evaluación de la ansiedad no debería limitarse a preguntar:

“¿Qué estás pensando?”

También puede ser necesario preguntar:

¿Cómo estás durmiendo? ¿Cuánto café consumes? ¿Tomas bebidas energizantes? ¿Utilizas algún medicamento o suplemento? ¿Consumes alcohol u otras sustancias? ¿Ha cambiado recientemente algo en tu salud?

El sueño y las pantallas también pueden entrar en el círculo

La ansiedad puede dificultar el sueño.

Pero dormir poco también puede hacernos más vulnerables emocionalmente al día siguiente.

Algo parecido ocurre con determinados patrones de uso de pantallas. No se trata simplemente de afirmar que “el celular produce ansiedad”. Importan el horario, la duración y el contenido.

Permanecer hasta altas horas de la noche revisando redes sociales, noticias, mensajes o contenido altamente estimulante puede desplazar el sueño y mantener al cerebro en un estado de activación cuando debería comenzar a prepararse para descansar.

Por eso, desde una perspectiva integral, el estilo de vida también forma parte de la evaluación.

¿Y qué tienen que ver nuestras experiencias de vida?

Muchísimo.

Nuestro sistema de alarma aprende.

Experiencias difíciles, períodos prolongados de estrés, enfermedad, pérdidas, conflictos familiares, relaciones interpersonales complejas o episodios intensos de miedo pueden modificar aquello que aprendemos a interpretar como peligroso.

Desde la Terapia Cognitivo-Conductual también hablamos de esquemas cognitivos: estructuras mediante las cuales organizamos información y damos significado a nuestras experiencias.

Una persona puede desarrollar una especial sensibilidad ante la incertidumbre.

Otra ante el rechazo.

Otra frente a la posibilidad de enfermar.

Otra puede sentir una enorme necesidad de mantener el control.

Por eso dos personas pueden experimentar exactamente la misma sensación corporal y hacer interpretaciones completamente diferentes.

Una piensa:

“Seguramente tomé demasiado café”.

La otra:

“¿Y si estoy teniendo un problema cardíaco?”

La sensación inicial puede ser similar.

La experiencia psicológica posterior puede ser completamente diferente.

¿Por qué evitar lo que me provoca ansiedad puede empeorar el problema?

Después de experimentar síntomas intensos, es comprensible intentar evitar aquello que creemos que puede provocarlos.

Una persona deja de hacer ejercicio porque teme sentir el corazón acelerado.

Otra evita manejar porque una vez experimentó un ataque de pánico dentro del automóvil.

Otra deja de entrar a centros comerciales.

Otra necesita sentarse cerca de una salida.

Otra comienza a llevar constantemente determinados objetos “por si acaso”.

Estas estrategias pueden proporcionar alivio inmediato.

El problema es que algunas conductas de evitación y seguridad pueden impedir que el cerebro aprenda que determinadas situaciones o sensaciones pueden tolerarse sin que ocurra la consecuencia temida.

Por eso, dentro de tratamientos psicológicos basados en evidencia, puede ser necesario trabajar gradualmente con estas respuestas y, cuando está indicado, utilizar estrategias de exposición cuidadosamente planificadas.

¿Qué puedo hacer cuando aparecen síntomas físicos de ansiedad?

Primero, intenta evitar dos conclusiones automáticas:

“Seguro tengo algo grave”.

y

“Esto es ansiedad, así que debo ignorarlo”.

Ninguna de las dos es siempre correcta.

Si los síntomas son nuevos, importantes, persistentes, han cambiado o existen factores de riesgo, una valoración médica puede ser necesaria.

Cuando se ha determinado que la ansiedad participa de manera importante, el siguiente paso no consiste simplemente en intentar “calmarse”.

Puede ser útil aprender a:

  • reconocer qué situaciones desencadenan los síntomas;
  • identificar qué pensamientos aparecen cuando comienzan;
  • observar si existe vigilancia excesiva del cuerpo;
  • identificar conductas de evitación o búsqueda constante de seguridad;
  • comprender cómo funciona la respuesta fisiológica de ansiedad;
  • revisar sueño, estimulantes y otras variables del estilo de vida;
  • desarrollar estrategias de regulación emocional;
  • trabajar gradualmente con las situaciones y sensaciones temidas.

El objetivo no es conseguir que nunca vuelvas a sentir tu corazón acelerarse, miedo o incomodidad.

El objetivo es que esas experiencias dejen de controlar tu vida.

¿Cuándo debo buscar atención médica?

Aunque la ansiedad puede producir síntomas físicos intensos, existen situaciones en las que es importante buscar valoración médica.

Un síntoma de aparición reciente, particularmente intenso, diferente de lo habitual o acompañado de pérdida de conciencia, dificultad respiratoria importante, síntomas neurológicos, dolor torácico intenso u otros signos de alarma requiere valoración médica y, dependiendo de su gravedad, atención de emergencia.

Si tienes dudas sobre un síntoma físico, no debes asumir por tu cuenta que se trata únicamente de ansiedad.

La evaluación individual sigue siendo fundamental.

Terapia para ansiedad y síntomas físicos en Guatemala

En WiseMed, San Cristóbal, Mixco, mi práctica psicológica está especialmente orientada al abordaje de ansiedad, síntomas físicos asociados, ataques de pánico y dificultades de regulación emocional.

Soy la Dra. Ana Girón, Médica y Cirujana con 16 años de experiencia clínica y Licenciada en Psicología Clínica, con formación en Medicina de Estilo de Vida y Terapia Cognitivo-Conductual aplicada a la ansiedad.

Mi formación médica y psicológica me permite aproximarme a estos problemas desde una perspectiva que considero fundamental:

La mente y el cuerpo no están desconectados.

Esto no significa medicalizar la psicoterapia ni realizar estudios innecesarios. Significa comprender que una persona tiene simultáneamente un cuerpo, pensamientos, emociones, experiencias, relaciones, hábitos y circunstancias de vida.

Cuando es necesario, podemos reconocer aspectos que ameriten evaluación médica. Desde la psicoterapia podemos trabajar aquellos mecanismos cognitivos, emocionales y conductuales que están participando en la ansiedad.

Porque cuando alguien dice:

“Sé que puede ser ansiedad, pero lo que siento en mi cuerpo es real”,

la respuesta debería ser:

Sí. Lo que sientes es real. Ahora necesitamos comprender qué está ocurriendo y qué podemos hacer con ello.

Dra. Ana Girón | Medicina y Psicología Clínica

Ansiedad, síntomas físicos y regulación emocional

Atención psicológica presencial en WiseMed, San Cristóbal, Mixco, y modalidad virtual en Guatemala.

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